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Mayo de fuego y la liturgia de la hospitalidad en el Festín de Babette

 Por Diana Peña Castañeda[1]

Aunque el fuego ha existido en la naturaleza desde la eternidad, cuando los antepasados frotaron piedras y palos, el invierno se volvió más tolerable y el peligro pudo ser ahuyentado. Después, alrededor del fuego no solo se cocinaron los alimentos, también comenzó a organizarse la vida humana. Y entre esos descubrimientos, el lenguaje fue uno de los más magistrales.

Si fue Prometeo quien lo robó a los dioses o un animal exuberante a un ser maligno, lo cierto, sin duda, es que el favor fue para la humanidad. El fuego no solo ilumina y da calor, que ya de por sí eso es absoluto. Es por excelencia, fuerza vital, el elemento que purifica, congrega, el que genera emoción. Quizás por eso, incluso en estos tiempos, el pequeño emoji de fueguito no es más que la necesidad de permanecer.

Además sostiene al cuerpo cansado, al peregrino, al enfermo, al hambriento. En definitiva, es derecho a la existencia. En El festín de Babette, ella recrea esa simbología como una liturgia a través del acto de la hospitalidad y compartir la mesa:

“Babette había puesto una fila de velas en el centro de la mesa; las pequeñas llamas brillaban sobre las chaquetas, los vestidos negros y el uniforme escarlata y se reflejaron en los ojos claros y húmedos…”

Babette ha cocinado una gran cena como agradecimiento a las mujeres que la acogieron. Pero en el fondo lo que busca es resucitar su mundo perdido, por eso transforma el fuego en una gran belleza.

Describe Isak Dinesen que primero llegó el amontillado. Un jerez oscuro y profundo. Sus notas a frutos secos y madera hicieron que el general, uno de los invitados, alzara las cLeer más

Paradojas del presidencialismo

El caso argentino

Por Jorge Yáñez Lagos[1]

 

Antecedentes sobre las paradojas de un concepto

Las críticas al presidencialismo en América Latina no son nuevas. Hace tres décadas atrás, la visión de Juan Linz se centraba en un supuesto irremediable quiebre democrático que esperaba a los países con sistemas presidenciales. En cambio, actualmente los supuestos apuntan a problemas de diseño, que generan bloqueos, rigideces, conflictos de gobierno y dificultades para gobernar (Martínez, 2022).

Por otro lado, una de las razones que se han esgrimido para reemplazar el presidencialismo —en el caso chileno— responde a una supuesta concentración del poder en manos del Ejecutivo. Esto es lo que se denomina erróneamente hiperpresidencialismo. Por el contrario, quienes sostienen que el sistema presidencial concentra demasiado poder en el presidente, proponen como alternativas modelos semipresidenciales o parlamentarios (Martínez, 2022). De algún modo, cada país latinoamericano acusa a su sistema de ser un hiperpresidencialismo.

No obstante, en el sistema presidencial el Congreso es autónomo del Ejecutivo, mientras que en el semipresidencialismo el presidente retiene la atribución de disolver el Legislativo, situación que bajo los poderes del sistema presidencial no es posible. De esta forma, en el semipresidencialismo la balanza de poder se inclina hacia el Ejecutivo en desmedro de la asamblea. En el caso del parlamentarismo, la concentración del poder es históricamente conocida, pero por diversas razones no se menciona. Mientas el primer ministro y su gabinete mantengan la confianza del Parlamento, ejercen un poder significativo, lo cual representa una enorme autoridad del Ejecutivo en este sistema (Dodd, 1976 citado en Martínez, 2022).

Esta perspectiva ha mermado la comprensión acerca del funcionamiento de las democracias presidenciales contemporáneas en América Latina. Al contrario de lo planteado en el debate público, “el poder estaría mucho más concentrado en el Ejecutivo en los sistemas parlamentarios y semipresidenciales que en el presidencialismo, modelo que se desea reemplazar precisamente porque supuestamente concentraría mucho poder en el presidente” (Martínez, 2022: 30).

Ahora bien, también se hace necesario aclarar algunos aspectos generales sobre el presidencialismo. En primer lugar, el presidencialismo se caracteriza por la elección popular del presidente de la República, realizando de manera separada la elección de congresistas; ya sea o no en el mismo día. En otras palabras, al momento de votar se entregan al menos dos papeletas: una con los nombres de las personas que quieren llegar al Legislativo y otra con quienes aspiran a la presidencia. De esto se agrega que el presidente es elegido popularmente, siendo independiente del Legislativo. En segundo lugar, en el presidencialismo tanto el presidente como los congresistas son elegidos por un período fijo, que determina la Constitución Política. En tercer lugar, un rasgo distintivo del presidencialismo es que el presidente es, al mismo tiempo, jefe de Estado y jefe de gobierno. En su condición de jefe de Estado, el presidente representa los intereses permanentes de la República a nivel nacional e internacional, mientras que como jefe de gobierno tiene la responsabilidad de conducir políticamente el país (Martínez, 2022).

Por lo tanto, el concepto de presidencialismo se fundamenta tanto en el origen separado del Ejecutivo como en la supervivencia autónoma del presidente y del Legislativo, puesto que ninguno de los dos poderes puede acortar al otro (Mainwaring y Shugart, 2002). De modo que, la mayoría de la literatura que analiza la intensidad de los presidencialismos en América Latina parte de la idea de que las variaciones entre los países se encuentran expresada por la estructura de mutuos controles —check and balance— entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial (Basabe-Serrano, 2017).

En todo este escenario, Argentina no se encuentra ajena a esta tendencia. Por lo tanto, el presente artículo aborda los dilemas del presidencialismo ilustrados en el caso argentino. En particular, se plantea indagar en una eventual concentración del poder Ejecutivo o en la existencia de un hiperpresidencialismo.

 

Desarrollo sobre el caso argentino

En Argentina, el proceso constituyente de 1853-60 condujo a la creación de un Estado federal y un Ejecutivo relativamente poderoso como resultado de los intereses provinciales y el líder más probable del futuro gobierno. En aspectos generales, la organización política del Estado, tales como la forma de gobierno presidencial, el modelo de federación centralizada y los poderes de emergencia del ejecutivo, la Constitución estuvo influenciada por las ideas de un liberalismo de carácter conservador. La creación de la nueva República en Argentina tenía como propósito histórico crear una autoridad nacional en un contexto de fragmentación territorial y de conflicto persistente entre fracciones a nivel local (Negretto, 2013).

Por otro lado, una forma de gobierno presidencialista varía en intensidad respecto a variables institucionales, partidistas y aquellas propias del contexto económico y social. En otras palabras, se plantea una tipología de distintos tipos de presidencialismo con dos dimLeer más

¿Qué hago ahora contigo?

Por Gabriela Ponce Guevara

 

¿Qué hago ahora contigo? Esa fue la primera pregunta que le hice al libro —mientras el estribillo y el resto de la canción, de Silvio Rodríguez, resonaban en mi cabeza— cuando Liyanis me entregó este hermoso ejemplar que reúne su historia de vida poética y me propuso escribir un análisis sobre Tocar lo ausente (El Ángel Editor, Quito, 2025).

¿Qué hace una cuando se enfrenta a una antología que condensa veinte años de escritura y lo hace no solo como lectora, sino como mujer que se reconoce en una conciencia crítica de palabras que son, a la vez, territorio y vida?

No me acerco a este libro solo desde la admiración, sino desde una lectura que percibe una escritura compleja, que exige tiempo, atención y escucha; una obra, en suma, que no admite la prisa.

Desde la primera vez que escuché la poesía de Liyanis —esa sobriedad delicada, ese tono tan suyo de pensamiento encarnado— comprendí que su voz trascendía el lugar de origen sin desprenderse de él, y que en ese gesto se afirmaba con un arraigo profundo: una palabra situada, anclada en un territorio que no es solo geográfico, sino también corporal y de memoria.

Encuentro que Tocar lo ausente contiene una voz que, desde el inicio, se reconoce en su tiempo: ya en los primeros poemas hay madurez de imagen, de ritmo, de conciencia del cuerpo y de la historia. Lo que cambia no es el núcleo, sino las capas: se complejiza la mirada, se depura el lenguaje, se afina la lucidez. No asistimos aquí al crecimiento paulatino de una poeta, sino a la persistencia de una poética que se reafirma, que se precisa, que gana consistencia y fuerza, que se instala.

Desde los primeros libros aparece una voz madura, una arquitectura del decir que no titubea. Lo que hace el tiempo no es corregirla: la afina, la vuelve más rigurosa, más precisa, más esencial. No hay un “antes inmaduro” y un “después logrado”. Hay una misma ética poética que se profundiza.

Y entonces surge otra pregunta: ¿existe aquí un poema mayor?

Yo diría que no en el sentido jerárquico. Porque cada libro contiene sus propios poemas cúspide, sus momentos de plenitud absoluta, inscritos en su tiempo histórico y vital. Pero sobre todo porque lo que se impone no es un poema mayor, sino una voz mayor. Una voz que se reconoce cuerpo, isla, ciudad, memoria, nación, lenguaje, herida y esperanza.

En Piedras y adivinaciones y Cofre de alquimias el cuerpo se vuelve Leer más