Columnas de opinión
¿Denuncia social o Ruido Social?
El caso de Eva María Beristain a través de una reflexión sobre la fotografía
Por Diego Medina
¿quién causó lo que muestra la foto? ¿quién es responsable? ¿se puede excusar? ¿fue inevitable? ¿hay un estado de cosas que hemos aceptado hasta ahora y que debemos poner en entredicho?
Susan Sontag
Como muchos escritores, llegué a la literatura gracias a una serie de fracasos previos. Mi escasa habilidad vocal cortó las alas de mi sueño de convertirme en estrella pop, supuse que al menos podría escribir canciones o poemas. También me interesaba el cine y la fotografía, pero en mi juventud los celulares ni si quiera tenían cámara, ni había recursos digitales como hoy en día. Sin embargo, a inicios de la pandemia tuve entre mis manos mi primera cámara semiprofesional, una Nikon D-3200 con la cual sigo disparando en la ciudad. Algo sabía ya de composición, puntos de fuga y texturas, pero fue gracias a Miguel Sánchez, un amigo fotógrafo profesional, que aprendí a usar la cámara con propiedad. A él siempre lo llevaré en mi corazón.
Con cámara en mano comprendí el vértigo que algunos escritores sienten ante la hoja en blanco ¿Y ahora qué fotografío? Me llama la atención lo urbano, lo erótico, los colores neón, pero también el blanco y negro, las expresiones faciales, la diversidad de rostros y cuerpos, la injusticia, la política, la arquitectura. En fin, tomar una fotografía es seleccionar, mutilar, elegir qué sale en la foto para “decir” lo que queremos, pero para eso es necesario tener algo que decir. Empecé a seguir fotógrafos en instagram, a mirar con ojo clínico sus composiciones, sus obsesiones con el color, la luz, el encuadre y las formas, todo es parte de un lenguaje subversivo, subliminal que contribuye al “qué decir” a través del “cómo se dice”.
Dicen que el camino al infierno está hecho de buenas intenciones, dicen también que el diablo está en los detalles. Noté que muchos fotógrafos amateurs, novatos como yo lo era, empezaban por hacer retrato de la vida cotidiana: fachadas derruidas, edificios abandonados, ruinas brutalistas; vestigios de tiempos mejores. Fotografías de vendedores ambulantes, policías de tránsito, marabuntas en los transbordes del metro, motorepartidores en aprietos, manifestantes, skaters, futbolistas, etc. Pero había un tipo muy común de fotografía con la que nunca me sentí cómodo: retratos de indigentes. Algunas de esas fotografías son excelentes, pero me preguntaba ¿qué me está diciendo esta fotografía? Lo tenía claro, pero no en palabras. Hoy puedo poner dichas imágenes en palabras. Muchas de esas fotografías pretenden ser ejercicios serios de vida cotidiana, incluso denunciar una realidad, pero me parece que la mayoría son sólo un alarde de técnica y de superioridad discursiva de parte del fotógrafo.
En Sobre la fotografía y Ante el dolor de los demás Susan Sontag reflexiona sobre la discursividad de la fotografía de guerra y advierte, entre otras cosas, que la fotografía es un ejercicio estético, así algunas fotografías de guerra bellísimas han sido consideradas falsas o menos verídicas por su elevada técnica, llevando a algunos fotógrafos a deslucir intencionalmente sus encuadres. Sucede que algunas fotografías son tan “perfectas” que parecen montadas y esto les resta credibilidad. Esto me parece importante porque nos obliga a reflexionar en el papel del cómo en la fotografía. Pensemos de nuevo en la fotografía de indigentes: me parece grotesco que algunos fotógrafos utilicen la basura, la calle, la indigencia para hacer fotografías “bellas” de dicLeer más→
El sol de la memoria
Por Jonathan Mirus[1]
Toxqui, Nicté, Sol negro, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2024, pp. 75, [El ala del tigre, #15].
Hace algún tiempo trabajé con un concepto al que me gusta llamar poética del recuerdo. Con la bandera de mis vicios por delante, apliqué el termino al grupo de la revista Ulises, más tarde reunidos bajo el signo de Contemporáneos. El recuerdo, en este contexto, es una forma de escritura ligada a la vida autoral, el presente que siempre se vuelve pasado, pero que necesita un yo para funcionar como recuerdo y desencadenar diversos mecanismos. Algo de esto también lo encuentro de lleno en los retratos que les tomaron a estos autores a lo largo de su vida.
Cuando veo este tipo de fotografías, más allá de pensar en los conceptos de Benjamin, de Barthes o de Sontag, por mencionar algunos nombres del canon fotográfico, la verdad es que, cuando la obra se presta, lleno los propios vacíos con esta poética. Con esto último en mente, no sólo interpreto así el retrato, a veces también sucede con la fotografía del paisaje o con aquellas que provienen de un clic fortuito.
En ese sentido, es extraño encontrarse a veces en Instagram, hogar de la foto moderna, donde pocos recordarán sitios como Fotolog, Metroflog o Flickr (que aún existe). Esta generación, sean Milennials, Centenials o Z, aprendió que la libertad de las redes sociales era mucha y algunos nos muestran solamente un vacío negro en la aplicación, ya sea por una presión social diferente o por mesura ante la inseguridad del país. Con esta premisa, el instante se vuelve eso, un fragmento no capturado en una historia o un reel que borrarán con el tiempo. Por mi parte, yo provengo todavía de los álbumes de fotos, pero no de un momento tan “aesthetic” como para haber usado las polaroids originales. Sin embargo, sí para comprender el mundo de las cámaras desechables o de turista, con rollos Fujifilm o Kodak, donde el recuerdo se sostenía en las filminas que tenían que ser reveladas en alguna tienda especializada. En las fotos de cualquier tipo, sean artísticas o personales, siempre hay unLeer más→
Poema colectivo después de leer a Ana María Rodas
Por Laura V., Jaazia, Victoria, Cristy, Valeri, Margot, Paloma, Gloria, Almario, Nat y Ximena
I
Hay que aprender a escribir
con el corazón roto
hay que aprender a vivir
con el corazón roto.
Mirando de frente las cosas diminutas.
Con la ausencia del ser querido, deseado,
sobrevivir al deseo imposible, distante.
También hay que aprender a desear,
a querer
y a escribir en medio de la laguna podrida,
de la guerra,
en medio del fin.
Hay que aprender, tanto hay que aprender, todo hay que aprender.
hay que recordar, tanto hay que recordar, todo hay que recordar.
Y sin embargo, no obstante…
déjame…
pensar un poquito en el amor que no fue, en la utopía de la revolución,
regálame…
una chispa que me encienda la sonrisa de vez en cuando.
déjame…
soñar, palpar, añorar
Sueño con unos ojos negros
abiertos y brillantes como el sol,
el fulgor de la mirada encendida
que me dice “aquí estoy, aliméntame”.
Palpar tu mano y viajar.
Eres y serás
Añoro tu presencia,
mi lugar en el mundo
Enmarcado por tu andar.
Mi pasado,
mi presente y mi futuro.
Mi razón para
Soñar, palpar, añorar.
que la fiesta no termine, porque si no es contigo será con otras,
las otras.
II
Allí, entonces,
con una palabra
destruyo tu simulacro
viril,“revolucionario”:
Clítoris
Clítoris
Clítoris
Clítoris
Clítoris
No lancé ni una bala.
Tan solo una palabra.
Tu lugar de las ideas
es gesto genocida;
te importa tan poco el mínimo gesto de vida
que al mundo entero masacras rompes quiebras.
Dejas rastro del siniestro y lo niegas,
como si nadie fuera a enterarse
sobre en qué monte de huesos
fundas todas tus victorias.
¿Que piensas y luego existes?
Yo sientipienso y SOY:
R E V O L U C I O N A R I A.
Si te dejo escurriendo el ego,
es lo único que entre tú y yo
va a correrse
porque yo sé reconocer mi deseo,
atino a mirar tu cuerpo
y no le temo a palparlo con manos
lengua
uñas.
No sabes construirlo
se carcome el tiempo
y mi deseo lo moldeo a solas.
No demando tu amor ni tu atención
soy mÍa
muy mía.
Si vienes a llenar mi cabeza de palabras
no diré nada
no porque no me importes
pero acá que cada quién cargue
con su vida,
yo me hago cargo de mi deseo
lo sé es muy mÍo no lo comparto
lo abrazo nos llenamos.
No pienso compartirlo
ha sido doloroso encontrarnos reconocernos.
Me erijo Mujer pensante,
conocedora de mi cuerpa
de sus sensaciones y apetitos
razón, pasión,
voluptuosidad, deseo,
ternura y violencia,
sin temor a escribir y nombrar
los territorios prohibidos.
Mujer en un silencio calmo
y en un grito de placer.
No vírgenes,
no complacientes con otros.
Reconocer el valor del cuerpo
y nombrar a la entrepierna con alegría
es nuestro arte
la victoria de la poesía
de la venganza de la carne.
Vulvas parlantes, cuerpos que vibran
y voces que convocan a las hermanas del alba
a soltar la obligación de ser desde el sufrimiento.
Apoderarse de la palabra
y reconocerla nuestra hermana.
El gozo de una “aaaaaaaah”
que se prolonga
sonido gozoso, no performático,
del ser mujer.
Escupiendo los decires de nosotras.
Escribiendo nuestros propios textos.
Quitando los pies que aplastan,
que nos empequeñecen
porque nos temen.
Libres para elegir,
libres para sentir
y libres para pensar.
III
Alguien nos robó el fuego.
Fue en nuestra estufa en donde comenzó.
Maestras de la fricción chispeante.
Fuertes, suaves y deseantes
encontramos los sabores.
Antes nos quisieron
fuimos territorio del deseo
juego
conquista
luego nos escondieron en una cocina
a lavar y criar
nos apagaron en demandas
y nos llamaron madresLeer más→












